Cáncer: factores de riesgo y prevención

09 de febrero de 2017, 10:37.

Existe una diversidad de factores que pueden desencadenar la manifestación del cáncer. Conocerlos nos brindará las herramientas necesarias para intervenir a tiempo y lograr una mejor calidad de vida. Compartiremos información preventiva desarrollada desde el Instituto Nacional del Cáncer, en esta oportunidad hábitos y estilos de vida.

Hábitos y estilos de vida

 

Tabaco

El consumo de tabaco es el factor de riesgo evitable que provoca más muertes por cáncer en el mundo. Además es la causa de alrededor del 70% de los casos de cáncer de pulmón a nivel mundial.

El tabaco en todas sus variantes y en cualquier cantidad  es nocivo para la salud y adictivo, debido al contenido de nicotina. El tabaco contiene sustancias tóxicas que dañan el ADN y pueden causar cáncer.

No existen niveles seguros de consumo de tabaco.  Todos los productos del tabaco son dañinos y causan cáncer. Las personas que los consumen están expuestas a sus efectos perjudiciales para la salud cualquiera sea su nivel y forma de exposición.

El humo de tabaco contiene alrededor de 250 sustancias químicas que causan daño a la salud tanto para los fumadores como para las personas expuestas al humo de tabaco ambiental. Entre estas sustancias, se han identificado cerca de 70 que causan cáncer, entre ellas: nitrosaminas específicas del tabaco, acetaldehído, aminas aromáticas, arsénico, benceno.

Inclusive en variedades de tabaco sin humo (tabaco de mascar o en polvo) se han identificado al menos 28 sustancias químicas que causan cáncer.  Esta variedad provoca cáncer de la cavidad oral, esófago y páncreas.

El tabaco se asocia además a otras enfermedades respiratorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (bronquitis crónica y enfisema), enfermedades cardíacas, aneurismas de aorta, enfermedad vascular periférica, accidente cerebrovascular.

Está demostrado que el consumo de tabaco causa distintos tipos de cáncer. A continuación se mencionan los cánceres para los cuales existe suficiente evidencia de una relación causal con el tabaco:

Pulmón

Médula ósea (leucemia mieloide)

Cánceres de cabeza y cuello

Cavidad oral
Faringe
Cavidad nasal y senos paranasales
Laringe

Cánceres digestivos

Esófago (adenocarcinoma y carcinoma de células escamosas)
Estómago
Colorrectal http://www.msal.gov.ar/inc/acerca-del-cancer/cancer-colorrectal/
Hígado
Páncreas

Cánceres del aparato urinario

Vejiga urinaria
Riñón
Uréter

Ginecológicos

Cuello de útero
Ovario (mucinoso)

 

Beneficios de dejar de fumar

Siempre es beneficioso dejar de fumar. Las personas que abandonan el hábito ganan sustancialmente expectativa de vida. Cualquier edad es buena para dejar de fumar y se goza un beneficio mayor al hacerlo a una edad temprana.

La expectativa de vida de personas fumadoras es al menos 10 años menor que la de personas no fumadoras. Los fumadores que dejan el hábito antes de los 40 años de edad reducen el riesgo de morir prematuramente por enfermedades relacionadas con el tabaquismo en cerca de 90%, y quienes dejan entre los 45 y 54 años de edad reducen el riesgo de morir prematuramente en casi dos tercios.

¿Cómo cambia el riesgo de cáncer luego de dejar de fumar?

Al dejar el tabaco se reduce considerablemente el riesgo de enfermedades, de padecer cáncer y de morir por cáncer.  Las personas diagnosticadas con cáncer que dejan de fumar, reducen el riesgo de aparición de un segundo tumor y el riesgo de morir por la enfermedad, en ciertos casos hasta un 30% y 40%.

A los 5 años de haber dejado el hábito, el riesgo de cáncer de boca, garganta, esófago y vejiga se reducen a la mitad. El riesgo de cáncer de cuello de útero llega a ser como el de personas no fumadoras.

Luego de 10 años, el riesgo de cáncer de pulmón es cerca de la mitad que el de una persona que continúa fumando. Además, disminuye el riesgo de cáncer de laringe y páncreas.

¿Cómo dejar de fumar?

Recomendaciones del Ministerio de Salud

Dejar el tabaco causa síntomas de abstinencia a la nicotina. No hay peligro para la salud pero los síntomas pueden resultar incómodos. Por un lado, el cuerpo está reaccionando a la ausencia de nicotina,y por el otro, se está atravesando un importante cambio de conducta al dejar un hábito.

Los síntomas suelen comenzar al cabo de unas pocas horas y alcanzan un máximo a los 2 ó 3 días cuando la mayor parte de la nicotina está fuera del cuerpo. Estos síntomas pueden incluir: mareos (pueden durar 1 ó 2 días luego de abandonar el tabaco), ansiedad, depresión, frustración, enojo, irritabilidad, problemas de concentración, cansancio, dolor de cabeza, problemas para dormir y para conciliar el sueño, inquietud o aburrimiento, mayor apetito, aumento de peso, constipación y gases, tos, sequedad en la boca, dolor de garganta, disminución de la frecuencia cardíaca, opresión del pecho. Sin embargo, los mismos empiezan a disminuir cada día que la persona permanece sin consumir tabaco.

Es importante realizar una consulta médica y contar con un profesional que acompañe el proceso mediante tratamiento farmacológico y consejería para la modificación del comportamiento. Se ha comprobado que la combinación es más efectiva que cada una de las intervenciones por separado.

Se dispone de drogas efectivas y con adecuado perfil de seguridad para dejar de fumar: Terapia de Reemplazo Nicotínico y Bupropión. La Guía de Práctica Clínica Nacional de Tratamiento de la Adicción al Tabaco publicada por el Ministerio de Salud recomienda estas drogas como tratamiento farmacológico de primera línea del intento de abandono.

En este sentido,  se recomienda el uso de terapia de reemplazo nicotínico en cualquiera de sus formas de presentación: ya que todas aumentan significativamente las tasas de abandono del tabaquismo. La misma comprende parches, chicles, comprimidos dispersables (estos tres de venta libre) y spray nasal (venta bajo receta). Por otro lado, no se recomienda el uso de propuestas con insuficiente evidencia de efectividad: cigarrillo electrónico, glucosa, acupuntura tradicional, electroestimulación, bioinformación/biofeedback, deprivación sensorial; o evidencia de ineficacia: laser, hipnosis.

Es importante que el abandono del tabaquismo se acompañe de estrategias para controlar la ganancia de peso. Los cuidados nutricionales y el aumento de la actividad física son factores claves.

Línea gratuita de atención al fumador del Ministerio de Salud de la Nación 0800-999-3040, con acceso desde todo el país.

Tabaquismo pasivo

La única forma de proteger a los no fumadores es eliminando completamente el tabaquismo de espacios cerrados.

El tabaquismo de segunda mano o pasivo, se refiere al humo de tabaco en el ambiente. Comprende el humo desprendido por el tabaco encendido (corriente secundaria de humo) y el humo que exhala el fumador (corriente principal de humo). Ha sido clasificado como cancerígeno humano por la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), ya que la evidencia disponible indica que la inhalación de humo de tabaco del ambiente causa cáncer de pulmón. Por otra parte, algunos estudios han encontrado una asociación entre la exposición a humo de tabaco de segunda mano y cáncer de faringe y de laringe.

Asimismo, se ha establecido una asociación causal entre cáncer infantil y tabaquismo en padres. Estudios recientes han demostrado que los bebés de padres fumadores (madre, padre, o ambos, en el período de preconcepción y embarazo) presentan mayor riesgo de desarrollar hepatoblastoma, un tipo de cáncer embrionario poco frecuente. Otros estudios han encontrado una asociación entre tabaquismo en padres antes del embarazo y leucemia infantil.

¿Qué diferencia hay entre cigarrillos y cigarros puros?

Los cigarrillos están compuestos por una mezcla de distintos tipos de tabaco, no fermentados  y envueltos en papel. Cada cigarrillo contiene menos de 1 gramo de tabaco y tienen tamaños uniformes. Los cigarros puros contienen principalmente un único tipo de tabaco (curado al aire y fermentado en un proceso de múltiples pasos). Existen en distintas formas y tamaños, y pueden contener entre 1 y 20 gramos de tabaco. En general, el humo de los puros no es inhalado, en contraste al humo de cigarrillos.

Sin embargo, el humo de los cigarros puros contiene sustancias tóxicas y cancerígenas al igual que el humo de los cigarrillos y es probablemente más tóxico que estos últimos. Contiene mayores niveles de alquitrán por cada gramo de tabaco que los cigarrillos,  mayores niveles de nitrosaminas y mayor concentración de toxinas comparado con el humo de cigarrillos. Además, la exposición al humo es mayor que al fumar cigarrillos por su mayor tamaño, mayor cantidad de tabaco y el mayor tiempo que insume fumarlos.

Los cigarros puros son cancerígenos. Causan cáncer de cavidad oral, laringe, esófago y pulmón. Incluso aunque el humo no se inhale, el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón es mayor en las personas que consumen cigarros puros que en personas no fumadoras. Los labios, boca, lengua, garganta y laringe están directamente expuestos al humo del tabaco y a las sustancias cancerígenas y tóxicas en fumadores de cigarrilllos y cigarros puros, independientemente de si el humo es inhalado o no.

Alcohol

Existe una clara asociación entre el consumo regular o alto de alcohol y el desarrollo de  7 tipos de cáncer.

Cavidad oral
Faringe
Laringe
Esófago
Colon y recto
Hígado
Cáncer de mama

También se asocia el consumo de alcohol con cáncer de páncreas, si bien la evidencia disponible es limitada.

El riesgo de cáncer aumenta según la cantidad de alcohol consumida. Además, las personas que consumen alcohol y tabaco tienen riesgos mucho mayores de padecer cáncer de la cavidad oral, de faringe (garganta), laringe y de esófago que las personas que consumen sólo tabaco o sólo alcohol.

No existe un nivel seguro de cantidad de alcohol así como tampoco existen diferencias entre tomar grandes cantidades una sola vez o  pocas cantidades en tomas sucesivas.

Una de las formas por las cuales el alcohol aumenta el riesgo de cáncer, es la conversión del etanol presente en las bebidas alcohólicas a acetaldehído, un compuesto cancerígeno que daña el ADN.

Asimismo, el etanol conduce a la generación de especies reactivas de oxígeno, las cuales producen daño oxidativo a macromoléculas como el ADN, proteínas y lípidos. El consumo de alcohol disminuye la capacidad del cuerpo para absorber nutrientes que pueden  disminuir el riesgo de cáncer como la vitamina A, folato, vitaminas C, D, E y carotenoides, y también causa un incremento en las concentraciones de estrógenos y andrógenos (hormonas que activan la proliferación celular).

Sobrepeso, Obesidad e Inactividad física

El sobrepeso y la obesidad se definen como la acumulación de grasa corporal que implica un riesgo para la salud. El Índice de Masa Corporal (IMC) es útil para estimar la grasa corporal y se calcula como el peso (en kilogramos) dividido por el cuadrado de la altura (en metros) de una persona (IMC = Peso (kg) / altura (m)2). El sobrepeso en adultos se define como un IMC de 25 a 29, y la obesidad cuando el IMC es igual o mayor a 30. La ganancia de peso y grasa corporal de una persona se atribuye principalmente a un exceso de calorías incorporada con las comidas y bebidas, y en menor medida al grado de inactividad física.

En este sentido, mantener un peso corporal saludable junto a actividad física regular y a una dieta saludable constituye un enfoque importante para la prevención del cáncer. La actividad física regular puede mejorar la salud controlando el peso corporal.

Estudios de la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC) indican que la ausencia de grasa corporal disminuye el riesgo de los siguientes cánceres en hombres y mujeres:

Esófago (adenocarcinoma)
Gástrico
Colorrectal
Hígado
Vesícula
Páncreas
Mama  (post menopausia)
Cuerpo del útero
Ovario
Cáncer renal
Meningioma
Tiroides
Mieloma Múltiple

Los potenciales mecanismos que generan cáncer asociados a la obesidad están relacionados con anormalidades metabólicas y hormonales. Existe fuerte evidencia que resalta el rol del metabolismo de hormonas sexuales y de un estado de inflamación crónica.

El efecto de la actividad física que puede actuar disminuyendo el riesgo de cáncer estaría asociado a cambios hormonales, factores de crecimiento, inmunidad y mecanismos antioxidativos. La actividad física puede cambiar los niveles de algunas hormonas, como estrógenos e insulina. En las mujeres, la actividad física disminuye los niveles de estrógeno, asociado al desarrollo de cáncer de mama y útero. Asimismo, la actividad física reduce los niveles de insulina, que podría promover el desarrollo de ciertos tumores.

Hormonas

Ciertas hormonas producidas por el cuerpo pueden aumentar el riesgo de cáncer. Por ejemplo, el desarrollo de cáncer de mama se asocia, entre otros factores, a la exposición por períodos prolongados a altos niveles de hormonas producidas de forma natural (estrógeno y progesterona).

Por este motivo se ha estudiado en profundidad si las terapias que involucran hormonas pueden asociarse a un mayor riesgo de cáncer.

Anticonceptivos orales (ACO)

Los ACO contienen estrógeno y progesterona sintéticos. Se ha encontrado que su uso se asocia a una reducción del riesgo de cáncer de ovario y de cáncer de endometrio, y a un incremento en el riesgo de desarrollo de cáncer de mama y de cuello de útero. El uso de ACO se ha asociado a un mayor riesgo de desarrollar tumores benignos de hígado, mientras que la evidencia en relación al riesgo de cáncer de hígado no es tan clara.

Se ha observado que el riesgo de desarrollar cáncer de mama y de cuello de útero comienza a disminuir cuando se abandonan las píldoras anticonceptivas. Luego de aproximadamente 10 años, el riesgo se iguala al de las mujeres que no tomaron ningún tipo de anticonceptivo oral. Por otro lado, el efecto protector contra el cáncer de ovario y de endometrio se mantiene luego de décadas de haber dejado las pastillas.

Un profesional médico puede ayudar a decidir si tomar o no pastillas anticonceptivas, teniendo en cuenta los riesgos y beneficios para cada caso en particular, el estilo de vida, las preferencias personales y los antecedentes de cáncer familiares.

Terapia de reemplazo hormonal (TRH)

La TRH se puede indicar para aliviar los síntomas asociados a la menopausia que se asocian a la disminución de los niveles de estrógenos y progesterona producidos por el propio cuerpo, como los acaloramientos súbitos, sudoración, cambios de humor y cambios biológicos a largo plazo, como la disminución de masa ósea. La TRH puede involucrar estrógeno solo, o combinado con progesterona o progestina (versión sintética de la progesterona).

La terapia combinada se ha asociado a mayor riesgo de cáncer de mama, y se observó que el mismo disminuye una vez que se abandona la terapia.  Por otro lado, la TRH de estrógeno solo se asocia a un incremento del riesgo de cáncer de endometrio (no así cuando está combinado con progestina).

Ambos tipos de TRH (combinada y estrógeno sólo) incrementan el riesgo de cáncer de ovario y se ha observado que cuando se abandona la TRH, este riesgo comienza a disminuir. Asimismo, los estudios realizados han encontrado otros efectos de la TRH sobre la salud, como mayor riesgo de accidente cerebrovascular, formación de coágulos y ataques cardíacos.

Es por ello que si bien la TRH puede proveer de beneficios en el corto plazo aliviando los síntomas asociados a la menopausia, las mujeres que presenten estos síntomas deberán discutir con su médico las alternativas apropiadas para su caso particular, teniendo en cuenta los posibles riesgos asociados a su uso.

 

Fuente: http://www.msal.gov.ar/inc/

El Instituto Nacional del Cáncer del Ministerio de Salud de la Nación, es el organismo que coordina acciones de promoción y prevención, detección temprana, tratamiento y rehabilitación, así como también la investigación del cáncer en Argentina y la formación de recursos humanos. Desde el Hospital Universitario adherimos a su tarea de promoción a partir de la difusión de sus contenidos.